¿Y qué?
Si no somos más que crisálidas atolondradas
que bajo el escaparate del cordón se suspiran
y entra rubias y negras hablan de morochas y pelirrojas
que bien han sabido chiflarnos y olvidar,
mas qué hacerle libélula del recordar
que destapar otra rubia y de su pico tomar
oyendo el tema que está por sonar
y acrecentar la charla amena, desvariada...
tal vez en una de esas, no sin más,
se nos inmole el recuerdo y podamos olvidar
mientras en la espera, mientras en el dormitar,
libélula amiga, hablemos de algo que no sea el amar.
¿Y qué?
Si nos la pasamos noches de día en vidrieras
de viejos bodegones sin gourmet ni mesas ni sillas
acariciando lívidamente nuestro reflejo
sollozando mariposas cristalizadas
azuladas borrosas de un triste espetar,
ven querida libélula de mil años o más
quédate en el parapente y observa mi accionar
que si la noche nos tiende una coartada
y el ocaso muere al compás
bien sabré yo tonta bestia animal
cómo hacer de la noche un bonito lugar.




