Caminamos con ritmo, hablamos con fluidez, amamos con pasión, odiamos con furia, fumamos en compaces y entre gemidos y suspiros suaves hacemos el amor.
¿Cómo no llevar música dentro? si somos parte de ella.Bailamos la cumbia de la risa y vemos ondularse los pañuelos en la zamba del extrañar, conquistamos a una mujer entre los 2x4 de un buen tango de arrabal y nos enfurecemos muchas veces entre gritos y golpes de un buen metal...
Y si el día nos levanta con el píar del amanecer, buscamos ese llamado entre las puteadas y los bocinazos de la ciudad. Extrañamos esa naturaleza de la cual somos parte y que llama cada vez con una canción más baja, más tenue, más agonizante.
Sólo al sonar la clásica música del anochecer, con grillos, carros a lo lejos entre el empedrado y los faroles, cantamos despacito dentro nuestro nuetra propia música, esa que es de uno y de nadie más, esa que nos hace tal cual somos y que sólo se apaga cuando nosotros nos apagamos, cuando nuestro corazón deja de latir, cuando nuestra alma deja de cantar.

Silguero Ignacio.
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